La lucha contra la sequía en pleno verano

En la zona de Madakasira, una de las más pobres y áridas del estado de Andhra Pradesh, el trabajo de la Fundación Vicente Ferrer contra la sequía ha empezado a dar sus frutos, especialmente palpables en estos días calurosos y sin lluvias. Ya se han construido quince presas y decenas de familias disfrutan de los beneficios del riego gota a gota.

El estado de Andhra Pradesh es uno de los más secos de la India y la carencia de infraestructuras hídricas hace muy difícil aprovechar el agua de la lluvia. Los monzones o época de lluvias se alargan de mayo a octubre, pero es solo durante dos meses cuando llueve de forma significativa. Después, no vuelve a caer prácticamente ni una gota de agua hasta la siguiente temporada, por lo que la tierra queda seca y al borde de la desertización.

Sequía en Madakasira

Sequía en Madakasira (C) Nina Tramullas

En una de las regiones más deprimidas de Andhra Pradesh, Madakasira (ubicada al sur del estado), se da además la circunstancia de que la poca agua almacenada en el subsuelo se encuentra a entre 1,8 y 3 km de profundidad, ya que es una zona más elevada que Anantapur y, además, con la tierra más seca. A esa profundidad, el agua tiene unos niveles de cloro muy altos, lo que la convierte en no apta para consumo humano. En general, es una zona de pocas lluvias, unos 540 mm3 de media al año, pero desde hace 13 años la media ha bajado hasta los 300 mm3.

Hace tres años la Fundación Vicente Ferrer (FVF) empezó a trabajar en esta zona a través de varios proyectos. Por un lado, se han construido quince presas en la zona de Madakasira y se está estudiando la construcción de otras dos. Una de ellas está en Rolla y de ella se abastecen más de 1.000 familias de tres pueblos diferentes. “Gracias a esta presa, el agua de la lluvia se almacena y se filtra hacia el subsuelo, convirtiéndose en agua potable porque que no tiene flúor”, explica el responsable del sector de Ecología de la Fundación de esta zona, Ramakrishna. “Además, mantener el subsuelo húmedo permite ampliar la cosecha y poder cultivar también en la época de verano, ya que de otra manera estaría totalmente seco”, argumenta bajo un sol de justicia.

Presa en Rolla

Presa en Rolla (C) Nina Tramullas

Para repartir equitativamente el agua que se ha conseguido almacenar en las presas, el responsable de Ecología sostiene que está estudiando construir una tubería para recoger el agua desembalsada de otra presa ubicada a dos kilómetros. “El mes que viene empezaremos a hablar con los campesinos que poseen las tierras por donde debería pasar la tubería que traerá el líquido hasta aquí”, asegura Ramakrishna, con una presa vacía como telón de fondo.

Por otro lado, se ha implementado el sistema automático de riego gota a gota, del que se están beneficiando ya unas 3.000 familias en la zona, quienes lo utilizan, sobre todo, para el cultivo de morera. El coste de la instalación del sistema ronda las 65.000 rupias, unos 800 euros, y las familias beneficiarias se hacen cargo de un simbólico 10%.

Cultivos en madakasira

Cultivos (C) Nina Tramullas

En la aldea de Pedapalli, Narasaiah y su mujer Thimmakka, se han beneficiado de una de esas instalaciones. “Antes teníamos que aprovechar las horas en las que había electricidad para bombear el agua y regar el acre (unos 4.000 m2) que teníamos plantado. Llenábamos los canales de tierra uno a uno y, cuando había uno de los frecuentes cortes de electricidad, no quedaba más remedio que volver a casa e ir volviendo al campo a probar suerte y comprobar si había vuelto la luz”, explica Narasaiah; a lo que su mujer añade: “con este sistema es mucho mejor porque, al ser automático, se pone en marcha cuando hay luz. Y, como el agua circula por todas las mangueras para ir saliendo gota a gota junto a las raíces, Narasaiah se ahorra todo ese trabajo manual de regar los canales y puede estar más tiempo en casa, ayudando con otras tareas”, celebra Thimakka.

Cultivos de Morera en Madakasira  (C) Nina Tramullas

Cultivos de morera en Madakasira (C) Nina Tramullas

Además, al mezclar el abono con el agua en el tanque en vez de en la tierra, también ganan tiempo y optimizan los recursos, tanto por el aprovechamiento del abono como por el del agua, ya que al salir gota a gota se necesita menos cantidad y está mejor dirigida. Gracias al aumento del caudal subterráneo conseguido con las presas, “ahora podemos tener 3 cultivos de morera al año en vez de dos, y además son de mayor calidad”. El acre de morera cultivado les reporta 250 kilos de gusanos de seda y cada kilo lo venden por 500 rupias, unos 6 euros.

Solo en esa zona hay 95 familias que cultivan 64 acres de tierra entre moreras y verduras, ya que la gente de ese área vive de la agricultura. La Fundación tiene muchas otras peticiones de sistemas de riego por goteo, pero la implantación de bombas tiene que ir acompañada de lluvias para evitar resecar el subsuelo.

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Un pueblo donde las mujeres quedan aisladas tras dar a luz

El lunes y el martes estuvimos fuera del Campus porque nos desplazamos a Madakasira, una zona al sur de Andhra Pradesh que está a tres horas de Anantapur en coche. Es una de las zonas menos desarrolladas del estado, donde la Fundación empezó a trabajar en lo más esencial hace menos de 10 años. Poco a poco, han ido desarrollandose los proyectos y aumentando el número de poblados beneficiarios.

En nuestra visita a la zona conocimos un pueblo en el que apenas se está empezando el trabajo y donde la superstición, que domina el día a día de sus habitantes, les lleva a hacer cosas como dejar a una madre fuera de la casa cuando da a luz. Ochenta y cinco días que tiene que permanecer la mujer fuera del hogar hasta que se le permite volver a entrar porque las familias creen que con el parto llegarán enfermedades para todos. Antiguamente, la mujer y el bebé debían estar muy alejadas de la aldea, en el bosque, a la intemperie.

Según nos cuentan, la tradición se ha ido suavizando y, desde hace algunos años, la familia construye una cabaña cerca del hogar para que la mujer pueda pasar resguardada esos días de cuarentena. Su familia le acerca comida y agua hasta la puerta y también un barreño con agua para que pueda asearse. Ya se sabe, la sexualidad femenina y la maternidad acostumbran a salir bastante mal paradas en temas de superstición. Conocimos a dos mujeres que se encuentran ahora mismo en esta situación y a las que podéis ver en las fotos.

Mujer que ha dado a luz

Mujer que ha dado a luz

Bebé

Bebé

Otra mujer que acaba de dar a luz en la aldea

Otra mujer que acaba de dar a luz en la aldea

Si de algo me he dado cuenta rápidamente es de que es extremadamente difícil hacerle una foto a un indio sin que te mire. Y conseguir hacer una foto de una multitud sin que te mire absolutamente nadie es imposible. Cambian el semblante. Si estaban riendo se ponen serios, si miraban para otro lado enseguida fijan la vista en la cámara. Y luego no pueden reprimir la risa al verse en la pantalla de la reflex.

Además, cuando haces una visita, aunque quieras entrevistar a alguien en concreto todo el pueblo te recibe e, incluso, te sigue si te mueves. Debe ser cosa de ese sentimiento de comunidad que tienen tan arraigado…

El caso es que mientras mi compañera, Nina, realizaba la entrevista a una de las mujeres para hacer una noticia de la web, yo me dediqué a distraer a todos los niños de la aldea para que pudiera hacer el trabajo más tranquila. Las primeras fotos fueron muy serias, pero a medida que se iban viendo en la pequeña pantalla se iban animando. Sobre todo ellos, ellas eran más tranquilas y vergonzosas. Aquí tenéis el resultado de la distracción:

Niños de la aldea

Niños de la aldea

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Niño de la aldea

Niño de la aldea

Niños de la aldea

Niños de la aldea

Niños de la aldea

Niños de la aldea

Niños de la aldea

Niños de la aldea

Las mujeres de la aldea no sólo quedan aisladas cuando dan a luz, sino que deben permanecer fuera de la casa al menos tres días cada vez que tienen la menstruación.

La Fundación acostumbra a entrar a trabajar en los pueblos con los proyectos de construcción de viviendas y educación, que son los más aceptados por las comunidades ya que son los que suscitan menos recelo. En general, todos celebran que les construyan una casa y que sus hijos reciban ayuda en su educación. A cambio, deben comprometerse a trabajar con la Fundación y colaborar para implementar después progresivamente los demás proyectos que sí pueden ser más controvertidos, como los de mujer, un aspecto en el que se avanza más lentamente.