Adinarayana: “He conseguido que una tierra yerma dé sustento a mi familia y trabajo a diez personas”

El agricultor Adinaraya

El agricultor Adinaraya

Hace 40 años, el padre de Adinaraysana compró la tierra que ahora él cosecha. Era una extensión yerma de 2,5 ha con un pozo que no utilizó porque dedicó sólo una parte a cosechar cacahuetes que se regaban con el agua de la lluvia. Era una familia dálitque apenas sobrevivía con esos ingresos, por lo que Adinarayana también trabajaba la tierra de otros como jornalero. Pero ganaba muy poco y, hace 18 años, decidió dedicarse a mejorar su propia tierra. “Mi hermano menor decidió hacerse carpintero, por lo que yo quedé a cargo de la tierra junto con mi padre. Pensé que había que sacarle mucho más rendimiento y empecé a buscar la forma de hacerlo”.
Limpiaron y aplanaron el terreno y volvieron a abrir el pozo, del que extraían agua manualmente. Decidieron dedicar la mitad del terreno al cultivo de arroz y durante cinco años les fue bien, pero cuando llegó un período de pocas lluvias Adinarayana pensó que era el momento de cultivar árboles frutales, porque necesitan mucha menos agua.
En ese momento, la Fundación Vicente Ferrer (FVF) estaba empezando a trabajar en la zona, por lo que se dirigió al responsable de su área para participar en el programa de desarrollo agrícola. “La FVF nos proporcionó 200 árboles crecidos de una fruta local, la sapota, y otros 150 árboles más pequeños tanto de sapota como de mango y nos ofreció una excavadora para poder acondicionar la tierra y plantarlos por un coste simbólico. También hicieron llegar la electricidad e instalaron una bomba para extraer agua del pozo a mayor profundidad”, explica este campesino.
Sin embargo, dado que tampoco tenían mucha agua, el riego lo hacían árbol a árbol con la ayuda de tinajas de plástico. “Tardábamos mucho en regar y era un trabajo muy pesado. Además, dependíamos de las horas en las que había electricidad – tres por la mañana y tres por la tarde – para poder llenar las tinajas y regar”, se lamenta.
En 2004 su problema se agravó porque plantó 300 naranjos. Pasó cuatro años con el sistema de riego manual árbol a árbol “pero cada vez veía más claro que seguir haciéndolo así era insostenible. Así que me volví a poner en contacto con la Fundación en 2008 y me sugirieron que instalara unas placas fotovoltaicas para tener electricidad las 24 horas y que implementara el sistema de riego gota a gota, que es automático y aprovecha al máximo cada centímetro cúbico de agua, un bien tan escaso en esta zona”.
Gracias sobre todo a las naranjas, que tienen un precio alto, Adinarayana ha visto crecer exponencialmente sus ingresos anuales en los últimos años y ha empezado a emplear a gente.Estoy muy orgulloso porque he conseguido que una tierra yerma dé sustento a mi familia y trabajo a diez personas”, explica. Hasta tal punto que ha llegado a recibir amenazas para que vendiera su fructífera parcela. “Es la única de la zona donde las plantas crecen tan bien, por eso me han amenazado. Pero la Fundación me dio apoyo y me aconsejó dejar de vivir en la parcela y vivir en el pueblo, donde ahora tenemos una choza que cambiaremos por una casa cuando mis hijos acaben sus estudios”.
Gracias al apadrinamiento sus dos hijos menores estos pudieron seguir estudiando, a diferencia de su hermana mayor, que es viuda y vive con sus dos hijos al amparo de su padre. “Estoy muy orgulloso de que ellos estén estudiando y puedan tener en el futuro una vida mejor que la mía”.

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