La emoción del encuentro entre un padrino y un niño apadrinado

Actualmente, unos 125.000 niños en el sur de la India y sus respectivas comunidades se benefician del sistema de apadrinamiento de la Fundación Vicente Ferrer. La contribución permite atención médica, material escolar y apoyo a los apadrinados y sus familias para que sean autosuficientes. Los padrinos están informados desde la India de su evolución, pero dos testimonios fueron más allá y se decidieron a visitarles en Anantapur para conocer de primera mano su realidad.

Cintia trabaja como maestra de primaria en un colegio de Barcelona desde hace ocho años. Conocía desde hacía tiempo el trabajo que la Fundación lleva a cabo en la India y hace cinco años decidió apadrinar un niño. Desde entonces ha recibido de forma regular sus cartas e información sobre los proyectos que se llevan a cabo gracias a su  pero tenía muchas ganas de conocer todo ese trabajo y a su niño apadrinado personalmente. Tras haber viajado ya por el norte de la India, esta vez se decidió por el sur para poder visitar a Sambasiva, el niño al que apadrinó y que ahora tiene 12 años. La familia de Sambasiva, compuesta por sus padres y dos hermanos menores, un niño y una niña, la recibió en la aldea de Meesalavandlapalli, en Kadiri, aunque, como es habitual, toda la comunidad se sumó al recibimiento y permaneció a una distancia prudencial observando cómo se desarrollaba la visita.

Cintia charla con Sambasiva y su hermana

Cintia charla con Sambasiva y su hermana

La joven maestra charló animadamente un buen rato con su apadrinado, que le iba contando cosas sobre su vida en la India. “Quiero ser policía”, explica Sambasiva, “pero no de los que van por el campo, sino que quiero estar en la ciudad. No me da miedo”. Parece que su hermano menor, de ocho años, seguirá sus pasos y su hermana, de seis, quiere ser maestra, como Cintia. Sus padres son campesinos, aunque él a veces combina ese trabajo con el de albañil en Anantapur para conseguir algo más de dinero.

Cintia y Sambasiva

Cintia y Sambasiva

En esta pequeña aldea a 20 km de Kadiri viven 300 personas pertenecientes a 130 familias y hay 29 niños apadrinados. Entre ellos el hermano menor de Sambasiva, que asegura que no conoce a su padrino “pero me gustaría mucho que viniera a visitarme y poder conocerle”, asegura.

Cintia charla con los niños del pueblo

Cintia charla con los niños del pueblo

La joven explica que haber conocido varios proyectos de la Fundación y a su niño apadrinado la ha motivado para ampliar su colaboración. “Recibo cartas del niño periódicamente, así como información de los proyectos, y siempre me ha parecido una organización muy transparente. Pero ahora que lo he comprobado personalmente, que he visto que mi dinero está en buenas manos, me gustaría colaborar también en el proyecto ”, comenta esta maestra catalana. Tras despedirse de ellos, Cintia continuará su viaje por el sur de la India y está convencida de que volverá a España con las pilas cargadas.

El encuentro Jon-Surendra

Jon trabajó  seis meses en la Fundación Vicente Ferrer como arquitecto voluntario entre 2012 y 2013 y, tras ver cómo los fondos que llegan al estado sureño de Andhra Pradesh a través de los apadrinamientos mejoran la vida de comunidades enteras, se decidió por apadrinar un niño y pidió que perteneciera al proyecto de VIH. “Este proyecto es el que más me llamaba la atención porque conocía el orfanato de VIH que hace años puso en marcha la Fundación e incluso a algunos de los niños que viven en él”. La Fundación le asignó a Surendra, un chico de 17 años que vive en la ciudad de Anantapur.

Ion comenta con Surendra un atlas geográfico

Ion comenta con Surendra un atlas geográfico

Surendra descubrió que estaba infectado por el virus del SIDA cuando tenía 8 años. Su padre, que trabajaba conduciendo un rickshaw (un pequeño motocarro que se utiliza como taxi en la India), sufrió un accidente y en el hospital detectaron que era seropositivo. Inmediatamente realizaron las pruebas a su mujer y a sus dos hijos y descubrieron que tanto él como su madre también tenían la enfermedad. Su hermana menor, que ahora tiene 13 años y estudia para ser dermatóloga, es la única que no está infectada por el virus. Ser seropositivo supone todavía un gran estigma en las comunidades rurales del sur de la India por lo que, en muchos casos, esta circunstancia pasa a ser un secreto familiar. La Fundación no apadrina niños en la ciudad de Anantapur, donde viven Surendra y su familia, ya que uno de los requisitos para beneficiarse de un apadrinamiento es que los padres sean trabajadores del campo, que son los que más dificultades tienen para ganarse la vida. Las únicas excepciones son los casos de VIH o discapacidad por lo que, a pesar de que lo habitual es que la familia del niño apadrinado reciba al padrino en casa, para salvaguardar la intimidad de esta familia el encuentro entre Jon y Surendra tuvo lugar en el campus principal de la Fundación.

Surendra comenta a Ion cómo es su día a día

Surendra comenta a Ion cómo es su día a día

El chico llegó acompañado de su madre y su hermana, ya que su padre ahora trabaja conduciendo un camión y pasa largas temporadas fuera de casa. Jon y Surendra empezaron a charlar y, tras muchas preguntas y otras tantas respuestas monosilábicas, ya que el chico estaba nervioso y mostraba una actitud tímida, el antiguo voluntario consiguió que el chico se relajase y explicase más cosas sobre él. “Me gusta mucho estudiar y quiero ir a la universidad para ser ingeniero civil y conseguir un buen trabajo”, asegura y añade que “eso sí, el deporte no es lo mío. Sólo me gusta verlo por la tele, pero practicarlo no”.

La hermana y la madre de Surendra estuvieron presentes durante el encuentro

La hermana y la madre de Surendra estuvieron presentes durante el encuentro

Jon dejó un trabajo poco motivador en España para hacer algo que le llenase más. “Siempre había tenido en mente la idea de salir de España y, concretamente, la India siempre me había llamado la atención. Pensé en la Fundación Vicente Ferrer y, cuando me llamaron, tuve el empujón que necesitaba para dejar mi país”. Él no tuvo que desplazarse tantos kilómetros como hacen otros padrinos para visitar a su niño apadrinado ya que, tras finalizar su voluntariado, encontró trabajo en la India y vive y trabaja en Delhi desde entonces. Sabe que cuando Surendra cumpla los 23 años y deje de estar apadrinado, él puede darse de baja, pero no lo hará. “Volveré a pedir que me asignen un niño del proyecto de VIH”, asegura.

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