Patricia Verdugo: “El reto de la educación india es fomentar el espíritu crítico”

Patricia Verdugo

Patricia Verdugo

Después de hacer un voluntariado como profesora de idiomas en Nepal, le atrajo la idea de repetir la experiencia en Asia y escogió la India y la Fundación Vicente Ferrer. Colaborando como voluntaria, ha puesto sus 11 años de experiencia como profesora de idiomas en España al servicio de las chicas de Anantapur para que puedan encontrar trabajo y ser económicamente independientes. Con su labor, siente que influye de una manera activa en cambiar el futuro de estas mujeres. 

¿En qué consiste tu trabajo como voluntaria en la Fundación Vicente Ferrer (FVF)?

Doy clases de español y de inglés como segunda lengua a chicas que han acabado sus estudios universitarios. El objetivo es que puedan acceder al mercado laboral y que sean económicamente independientes y que eso suponga un verdadero cambio en sus vidas y una revolución social. Como la meta es conseguir un puesto de trabajo, también reciben formación para hacer entrevistas de empleo, para la búsqueda activa de trabajo y para que desarrollen habilidades comunicativas.

¿Cómo es dar clases en la India? ¿Has tenido que cambiar tu metodología con respecto a lo que se suele hacer en España?

Es diferente, sí. Por ejemplo, no puedo utilizar ningún libro de texto, porque no están adaptados al contexto de la India rural y de las necesidades de las alumnas que tengo ahora. Ellas no hacen viajes porque no tienen el poder adquisitivo que tienen mis alumnos en España. Por lo tanto, sus necesidades y sus intereses son distintos. Aunque siga utilizando la misma metodología, los temas que tratamos son diferentes. Por ejemplo, cuando propuse tratar el tema de la salud, las alumnas elaboraron un proyecto sobre remedios naturales y medicina ayurvédica, algo presente en su día a día y muy diferente al imaginario español.

También estuviste un mes dando clases en Nepal. ¿Fue muy diferente a lo que estás haciendo ahora en el sur de la India?

La diferencia principal con Nepal está en el tipo de alumnado. En Nepal estuve un mes dando clases de inglés en un orfanato a niños de entre cinco y doce años y tuve que adaptarme a sus necesidades: eran niños sin recursos que, aunque algunos tenían padres en el pueblo, apenas les veían. Por lo tanto, las necesidades que tenían no eran tanto de aprender un idioma sino más bien de cariño. Por eso daba clases de inglés pero eran más bien de apoyo y juegos para fomentar su integración.
Además, allí también formaba a un grupo de profesoras de primaria que querían mejorar su expresión oral y aprender la metodología de la enseñanza de idiomas en Occidente. Con ellas, daba clases de inglés pero siempre enfocadas a que vieran cómo yo las hago y que intentaran sacar ideas para emplearlas en sus propias clases.

¿Qué retos tiene por delante el sistema educativo indio?

En enseñanza de idioma, veo que la India rural se parece a la enseñanza en España hace quince años. Mientras que en España ahora la enseñanza está centrada en el alumno, en el sentido de que es el protagonista del proceso de aprendizaje y todo lo que se hace en la clase se basa en él, en sus intereses y sus necesidades… aquí todavía el centro de la clase es el profesor. El maestro lleva la clase y es el que opina, el que lleva la razón, el que hace las preguntas y el que da las respuestas. Mientras que en Occidente (en Europa en general y en Estados Unidos) el profesor ahora es más que nada un vehículo de conocimiento, en la India la imagen del profesor es la referencia.

¿En qué afecta eso al desarrollo de los alumnos como estudiantes y como personas?

Debido a la educación que reciben, los jóvenes no desarrollan demasiado su espíritu crítico. Creo que este es uno de los retos del sistema educativo indio. La causa es que no se les da la oportunidad de expresarse en clase, y por eso no están acostumbrados a tener que dar su opinión ni a participar activamente en clase. En este sentido, intento proponer actividades que desarrollen su participación. En el aula son simplemente receptores del conocimiento que les transmite el profesor y no elaboran una opinión propia.

¿Qué te ha aportado trabajar aquí en el ámbito profesional?

Profesionalmente lo mejor es seguir aprendiendo de los errores que se cometen en el aula, seguir teniendo interés por cambiar mi manera de dar clase. Al tener que adaptarme a nuevos contextos, me doy cuenta de cosas que podría hacer mejor, por lo que siempre se aprende y se está evolucionando. Cuando te enfrentas a un reto nuevo, aprendes cosas que tú pensabas que hacías bien pero que ves que se pueden mejorar.

¿Por qué decidiste trabajar como voluntaria?

Ya lo había hecho en España. Había sido voluntaria para Andalucía Acoge, que trabaja con inmigrantes, y siempre me había gustado ayudar a los demás, dar un poco de lo que yo he recibido. Pienso que soy una persona afortunada porque mis padres me han podido dar una educación y también creo que la educación es un motor de cambio para la sociedad y quiero contribuir a ello.

¿Qué es lo más satisfactorio de dar clases en la India?

Lo que me llevo es toda la gente que he conocido y los momentos en que una alumna viene y me dice que ha conseguido un trabajo. Me emociono y me alegro mucho por ellas, porque si no consiguieran ese puesto su vida sería completamente distinta.. Tienen mucha ilusión de romper barreras sociales, de salir de casa de sus padres, de ser independientes y de vivir su propia vida.

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