Los equipamientos sanitarios de Bathalapalli y los talleres de mujeres

Después de haber dormido sólo 5 horas por culpa del jet-lag, he “disfrutado” de mi primer desayuno: dos rebanadas tostadas de pan bimbo y una tortilla francesa con un zumo de fruta natural. Mañana me atreveré con el desayuno indio, que hoy consistía en unas tortas indias y una crema de cacahuete y no recuerdo qué más.

Hora de ponerse en marcha y conocer los centros médicos construidos y dotados por la Fundación y ubicados en Bathapalli, a sólo media hora en coche del Campus Principal donde se encuentran las oficinas de RDT-FVF (Rural Development Trust – Fundación Vicente Ferrer).

Los equipamientos sanitarios de Bathalapalli

El primer centro que hemos visitado es el de ortopedia y rehabilitación, donde atiende a personas adultas y niños con discapacidades físicas por accidente, de nacimiento o por enfermedades como la polio.

Centro de rehabilitacion y ortopedia

Centro de rehabilitacion y ortopedia

Maquinaria de ortopedia

Maquinaria de ortopedia

Protesis ortopedicas

Protesis ortopedicas

La visita ha seguido en el hospital pediátrico. Es curioso como muchísimos indios reaccionan ante nosotros. La inmensa mayoría sonríe y saluda. Agacha la cabeza en gesto de asentimiento, une las palmas de las manos frente a su pecho y dice “Namasté”, el tradicional saludo hindú. Vayas por donde vayas te observan, no sé si con admiración o simple curiosidad, pero, por lo que de momento he visto son muy conscientes de la ayuda que llega desde España y saben que la gente que ven visitando esos centros son, mayoritariamente, los padrinos que los hacen posibles.

Hospital pediatrico

Hospital pediatrico

Por la calle, cuando pasas con el coche, todos los niños que te ven te saludan efusivamente (al estilo occidental, haciendo el gesto de “adiós” co la mano). Se ríen y se avisan unos a otros por si alguien se ha perdido el acontecimiento de ver a una persona blanca. -En el hospital pediátrico de Bathalapalli, donde te tienen más cerca, te siguen y te hablan.

Dos niñas se acercaron a mí al muy poco de entrar, con el hermano de una de ellas a una distancia prudencial. “What’s your name?” me preguntó una en un inglés bastante más comprensible que el de algunos adultos. Al decírselo, lo repitió perfectamente pronunciado. Al decirme ellas el suyo yo no fui capaz de repetirlo, sólo pude decirles “Very beautiful name!”. Al cabo de unos minutos ellas me lo volvieron a preguntar para volverlo a repetir. Y tras eso, la más lanzada me toco el brazo y me dijo “Beautiful”. Se refería al color, el blanco. Intenté explicarles que en España lo que queríamos era ponernos morenos y eliminar el blanco, pero no sé si me llegaron a entender. O si lo que no entendían es que nos quisiéramos deshacer de ese blanco que ellas admiraban tanto.

Más tarde pasamos por el centro donde se tratan los casos de parálisis cerebral y conocimos a una chica de sólo 23 años cuyos dos hijos, un niño y una niña, la padecían. El motivo era el mismo que el que provoca muchas otras discapacidades en la India: el matrimonio entre familiares. Su madre quiso que se casara con su tío materno (el hermano de su madre) para que no cambiara de familia y para no tener que pagar tanta dote.

Centro de paralisis cerebral

Centro de paralisis cerebral

En este punto quizás conviene aclarar que en la India la inmensa mayoría de los matrimonios los conciertan las familias. La mujer pasa a formar parte de la familia del marido y, para que ésta la acepte, debe aportar una cuantiosa dote, ya que desde ese momento muy probablemente dejará de trabajar y pasará a ser una carga económica para el marido que también deberá mantener a sus padres cuando se hagan mayores (aquí la esperanza de vida de los hombres es de 65 años y de las mujeres, de 68).

La primera hija de esta chica nació con parálisis cerebral pero el marido insistió en tener otro para ver si esta vez salía “normal”, pero ocurrió lo mismo. El marido la quiso repudiar, alegado que la culpa era de ella, porque él estaba sano (todavía falta mucho trabajo de concienciación sobre los problemas de los matrimonios entre familiares), pero la familia le dio la oportunidad de abandonar a sus dos hijos en cualquier estación de tren y seguir con ellos, ya que ella es una mujer sana y sin discapacidad. Pero al renunciar a hacerlo, se quedó sola y tuvo que hacer frente al estigma social de ser una mujer divorciada. No pudo volver con su familia, que sería señalada por la calle, y por supuesto no podrá volver a casarse. Por suerte ha encontrado una salida digna al ser alojada y mantenida por el hospital a cambio de su trabajo como ayudante, de forma que también podrá cuidar de sus hijos.

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Para finalizar el recorrido, hemos visitado el centro de VIH, donde hay pacientes en todas las fases de la enfermedad. Además de ofrecer tratamientos paliativos, la fundación trabaja en la prevención del contagio, ofreciendo información y métodos anticonceptivos. Muchos enfermos de SIDA viven marginados en sus propias casas, donde sus familiares ni siquiera les tocan por miedo a contagiarse. En el hospital, los sanitarios comen con ellos y los tocan para que sus acompañantes entiendan que el contacto no es una vía de contagio.

La forma de contagio del SIDA más habitual es la misma que en otros países: la vía sexual. Muchos trabajadores que pasan temporadas fuera de casa frecuentan burdeles y, tras ser infectados, lo transmiten después a sus mujeres. En el caso de ellas, se contagian cuando “emigran” a trabajar (emigrar se utiliza aquí como eufemismo de ejercer la prostitución) cuando no hay buenas cosechas y falta el dinero para comer. Algunas incluso lo hacen de forma voluntaria para evitar los trabajos más pesados, como son el campo y la obra (transportan materiales de construcción). En los prostíbulos el sol no les quema y consideran que tienen mejores condiciones de vida. En el marco de la información para prevenir el VIH tratan de hacerles ver más allá de esos primeros años y conseguir que entiendan los graves riesgos que entraña la “emigración”.

Los talleres de mujeres

Un proyecto muy comprensible por su sencillez es el de los talleres de mujeres en Bukkaraya Samudram y eso, por eso, uno de los más visitados por los padrinos y colaboradores. Se trata de unos talleres téxtiles y de papel que emplean a todo tipo de mujeres.

Taller textil

Taller textil

Son de la casta más baja, los “dálits” o intocables (aunque el gobierno ha prohibido ya llamarlos “intocables”), como la inmensa mayoría de los proyectos de RDT-FVF. Son mujeres que, de no ser por ese trabajo tendrían muchísimas posibilidades de tener que “emigrar”, es decir, prostituirse.

Mujeres realizando tareas de estampacion

Mujeres realizando tareas de estampacion

En el taller textil trabajan en horario de oficina. Tratan las telas con materiales y tintes naturales y  las estampan a mano. Después, las venden en las tiendas de comercio justo de las que dispone la fundación. Ellas cobran unas 80 rupias (1 euro) al día por hacer ese trabajo y descansan los domingos y festivos.

Instrumentos de estampacion

Instrumentos de estampacion

En una sala adjunta se encuentran niñas con discapacidad que, tras haber aprendido lo básico en la escuela para desenvolverse en la vida, aprenden este oficio. Son alojadas y mantenidas por la fundación en un edificio que se encuentra justo al lado, por lo que su sueldo, de 30 rupias al día (unos 40 céntimos) van directamente a una cartilla de ahorro para ayudar a su familia. De esta forma, muchas familias van comprendiendo que las personas discapacitadas también pueden colaborar en el sustento familiar. También trabajan niñas que sí que viven con sus familias y prefieren trabajar desde casa. Recogen los materiales y luego entregan los trabajos hechos, a cambio de los cuales reciben el sueldo.

Niñas con discapacidad aprendiendo el oficio

Niñas con discapacidad aprendiendo el oficio

Niñas con discapacidad aprendiendo el oficio

Niñas con discapacidad aprendiendo el oficio

Más adelante se encuentra un taller de manualidades que se realizan con hojas de platanero como material prima.

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Y un poco más al fondo, se encuentra la planta de reciclaje de papel. Todo el papel generado por las oficinas de la fundación se empaqueta y se envía a ese centro, donde lo reciclan y le dan una nueva vida. También trabajan en esta planta niñas con discapacidad que ayudan en forma de cadena de montaje a la encuadernación del papel reciclado.

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El caos de Anantapur

Tras un intenso día de visitas a los centros y proyectos, he visitado Anantapur, que en telugu, lengua de esta región, significa “Ciudad Infinita”. Se llega en “rickshaw”, unas moto-taxis que cuestan unos 15 céntimos por cabeza hasta el centro. El tráfico es absolutamente caótico y cruzar la carretera, una aventura.

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Allí he tomado un zumo natural de frutas por 40 céntimos (mango) en un puesto que me han asegurado que no tiene mucho peligro pero donde la higiene brillaba por su ausencia. Veremos como reacciona mi aparato digestivo que, de momento, está bien.

Además, ya tengo mis primeros “punjabs”. Solo me faltan los leggins que se llevan debajo porque aquí los hacen para mujeres con mucha barriga y con piernas finas y claro, me aprietan en las piernas y me sobran de la cintura. Así que la parte de abajo me la compraré probablemente el domingo en Puttaparti (curioso nombre para una ciudad india). Será mi primera excursión de ocio.

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De momento, mañana visitaré los proyectos de ecología que se están llevando a cabo por la zona.

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